El momento más terrorífico de mi vida (y mi primer blog en español)


La semana pasada, tuve la experiencia más terrorífica que puedo recordar. Quizá leyendo esto parecerá que simplemente no he tenido ninguna ocasión incómoda en mi vida; si es así, si parece que nomás me hago la quejicas, es porqué mi vocabulario no alcanza hacerle justicia a la instancia.

Bueno, tampoco es cuestión de darle una introducción que tampoco se merece, por no acabar con un anticlímax.


Como cualquier que me conoce sabrá, me he pasado los últimos nueve meses viviendo en una estación científica de la Amazonía ecuatoriana, en plena selva. Acá las opciones de hospedaje no son tan básicas como esperaba que fuesen antes de llegar; pensaba que solo tendríamos hamacas al aire libre. Y aunque sea verdad que duermo al aire libre, me rodean medias-paredes de caña y me cubre un tejado, aunque solo sea una placa de metal. Duermo sobre un colchón en el suelo del dormitorio, un edificio levantado hecho de madera y bambú. Por supuesto, no falta el mosquitero, más como obstáculo a las cucarachas, arenillas, arañas, y básicamente cualquier insecto aparte del que inspiró la creación de la red protectora.

El pasado martes, era el cumpleaños de una compañera de la estación. Preparamos una pequeña fiesta en la cabaña del comedor, pero desafortunadamente no me encontraba bien y menos con ánimos para celebrar. Así que me fui a dormir temprano. Tras unas tres horas de sueño, me desperté de repente sintiendo miles de mordiscos y picadas diminutos pero potentes por toda mi cara y mis brazos. Eran como mini explosiones encima mío, y una horripilante sensación culebreoso encima mi piel. La luz de la luna y las estrellas estaba tapada por el tejado de metal, así que en plena oscuridad sumado a la irracionalidad con la que uno se despierta a media noche, no tenía idea de lo que estaba pasando. Libré los extremos del mosquitero de debajo el colchón y salí de debajo suyo.

Tras unos momentos de pánico, encontré una luz y la encendí para examinar mi cama. Había una multitud de hormiguitas minúsculas sobre mi almohada. Miré mis alrededores y me di cuenta que cubrían todo el exterior del mosquitero y todas mis pertenencias (por suerte estas consisten en una serie de mochilas, bolsas, y una caja, donde protejo todo de la humedad y los invertebrados).

Estas hormigas son pequeñitas pero peleonas. Muerden fuerte y pican con ácido fórmico. Lo que estaba pasando era una caza de cucarachas. La primera vez que mis compañeros y yo observamos esto, fue una mañana en la cocina: cada superfície de ella, tanto horizontal como vertical, se movía con olas de hormigas. Pensábamos que andaban buscando nuestra comida. Pero nuestro amigo y coordinador de la comunidad de la estación, Claudio, nos aseguró que iban tras cucarachas y que al medio día no quedarían hormigas (ni cucarachas). Observábamos como las cucarachas – quizá cien veces más grandes que sus atacadores – caían indefensas bajo la caza organizada. A las doce del mediodía nomás quedaba una fila de hormigas regresando a su colonia.

Eso sí, aunque vi esa situación repetirse unas cuantas veces, no imaginé que pasara en mi cuarto, ¡menos en mi cama!  No mentiré, alguna vez he encontrado alguna cucaracha sobre mi colchón durante el día, antes de bajar el mosquitero; pero siempre me aseguro de que no quede ninguna antes de acostarme. Es más, no sé cómo entraron esas hormigas, por diminutas que sean no entiendo como travesearon el mosquitero.

Bajé a la fiesta para pasar el tiempo mientras las hormigas acababan la caza. Al cabo de un par de horas no quedaba rastro del ataque y me fue a dormir, pensando que de ese momento adelante no podría acostarme tranquila aquí nunca más, con la preocupación de despertarme cubierta de hormigas. No fue tanto el hecho de estar cubierta de hormigas, sino el pánico de despertarme con esa horrible sensación de picor y miniculebreo sin saber qué pasaba. Eso sí, por lo menos no me desperté con una hormiga conga de 4 cm encima, la picada de la cual inyecta una neurotoxina que causa un dolor insoportable – comparada a menudo a una bala, de allí su nombre inglés "bullet ant", hormiga bala – y puede hasta causarle fiebre a la víctima.

Comments

  1. Carajo!!!! Valla pesadilla!!! IIiuuuuuu.... comprate una hamaca con mosquitero, al menos asi solo te pueden alcanzar por dos puntos: las cuerdas.

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    1. haha, yo no puedo dormir en esas hamacas - casi no dormí durante el field course por eso (además quizá mi novio, que trabaja en la estación también, se lo tomaría personally haha)

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